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Mostrando entradas de diciembre, 2013

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BRINDEMOS

ODA A LA ALEGRÍA

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EL DON DE CAYETANA

A mi amiga Cayetana “Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin.” JORGE LUIS BORGES
Aunque de niña le hurtaran las formas visibles, las cercanas calles ( hoy distantes), el cóncavo azul y los rostros apacibles y risueños, la joven tiene un don y no lo sabe.
Lenta prisionera de un tiempo  que no marca  la aurora de los días ni el ocaso de las noches.  Rehén de un insípido universo velado en secretas sombras y oscuridades.
Manos  que exploran invisibles rasgos y palpan libros y cuentos para niños. Aunque no conozca formas ni asigne colores a la vana superficie de las cosas, la joven tiene un don y no lo sabe.
Aunque cada desnivel aceche, sus ojos no verán lágrimas, pues al corresponder a lo invisible la inmensa virtud de los dones, la joven tiene el don y ya lo sabe.

A la ciudad de Viena

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AZABACHE

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A veces recuerda su piel canela azabache, sus montículos de ébano y sus labios carnosos y esa sintonía de sonidos cadenciosos que escuchaba en medio de aquel trueque o cambalache.
Aquellos testigos de madera o cachivaches, extrañas máscaras de rictus indecorosos, guardarán, en su mutismo, hondos y calumniosos secretos: los suyos y los de aquel moharrache.
En su ático con escaleras de caracol, en aquel refugio con tintes de otra cultura, observó que el engaño es peor que la pasión.
Quizá el viso de  la luz se volviera tornasol para reflejar con su mudanza la  honda anchura que persistió entre ambas lujurias y la razón.

LA SOPRANO Y LA MUJER

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Si mi declive en un tiempo me revelara, no la soprano, pero sí la mujer, escuchando la nota que una vez adorasen aquellos que no conocían en mí…mujer alguna. Mas con altivo desdén miraría la manilla que diera la hora de mi estreno al yo desconocer en el espejo a la mujer y guardar silencio  los que tantas veces en un tiempo me adoraron.
Unos minutos y el telón de rojo terciopelo, no encubrirá sino en un abrir y cerrar   el olvido perpetuo de la mujer que no prevalece. ¡Cómo lamento no haber dado el primer paso en amor! No haber dado bien a mi mal, alivio a mi voz fin al dolor y al oportuno llanto. Si la nube que me entretiene se dispersara que no me quede en los pulmones voz alguna para que apremie el triunfo de la mujer… sobre la soprano.

DOS POEMAS Y UN CAFÉ Edición Diciembre